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BOLETÍN SEMANAL

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Cómo controlar a un adolescente descontrolado

 

Qué bonito se ve la paternidad y la maternidad desde fuera. Cuántas caras de alegría cuando nace tu primer hijo. Todo el mundo pendiente de que al bebé no le falte de nada…

Pero… ¿Y cuándo esos bebés tan monos crecen? ¿Qué es de ellos luego? Qué bonito cuando trabajas con adolescentes y la gente te mira con cara de sufrimiento. Cómo si tuvieses que padecer por trabajar con menores de 13 a 17 años.

 

¿Qué es lo que sucede con este rango de edad que muchos adultos comienzan a sudar solo con escuchar la palabra adolescencia?

 

En definitiva, ¿qué madre o padre no se ha preguntado alguna vez a ver dónde estaba el manual para educar a sus hijos? Pues no hay manual que valga. Como ya bien sabes a estas alturas, como se suele decir: cada maestrillo con su librillo.

 

No hay nada para controlar a un adolescente con las hormonas a flor de piel. No hay un manual estricto con pautas exactas para la buena crianza de los retoños. Y os preguntaréis, ¿en serio no hay nada de nada? Bueno, nada de nada tampoco, que para algo existe la Psicología Evolutiva o la Pedagogía, entre otras Ciencias.

 

 

 

A partir de ahora, si sigues leyendo, no vas a leer soluciones para amansar a las fieras de casa, pero sí una guía para poder entender qué les está pasando en esta etapa adolescente de su vida.

 

La adolescencia:

 

Este es un punto delicado para el clan familiar. Hay que asumir nuevos roles familiares. A veces, cuando las cosas se mueven y todo tiene que reorganizarse para volver a encontrar su lugar, el camino hasta el equilibrio se hace cuesta arriba.

 

Para entender a los adolescentes tenemos que entender qué pasa en su cerebro para que “de repente”, el niño adorable que teníamos en casa, se haya vuelto en una persona apática, egoísta, más egocéntrica…

 

¿Qué les pasa a los adolescentes que no entienden a los adultos?

 

Debes de tener en cuenta que el cerebro a la edad de 11-15 años está sometido a un cambio madurativo que se llama, según Jean William Fritz Piaget (1896-1980), “Etapa de las operaciones formales”. Es en este momento, cuando el niño es capaz de realizar operaciones lógicas más complicadas. Es capaz de razonar, discutir, analizar y explicar distintos aspectos, sin la necesidad de un referente físico.

 

Y que, según Bermúdez Moreno et al. (2011), uno de los factores ambientales más influyentes en el desarrollo de la personalidad de una persona, es la cultura. También comenta que desde el nacimiento nos encontramos involucrados en una cultura concreta y que a través de nuestro bagaje genético se podrá determinar qué características del contexto vamos a atender, seleccionar, elaborar e incorporar.

 

Si tenéis todo esto en cuenta y además entendéis que, en esta etapa de adolescente, se pasa de depender de mamá - papá a empezar a descubrir quiénes son, qué quieren, cómo lo quieren… Y no cómo lo quieren, mamá – papá, tenéis que entender en el punto en que están vuestros hijos e hijas para que ellos puedan entenderos a vosotros.

 

Simplemente, están buscando su sitio en el mundo, simplemente desean pertenecer a un grupo de iguales. Esto es una necesidad humana, es algo que aparece en todo desarrollo personal. El ser humano necesita sentir que forma parte de algo, que hay más gente que piensa igual o parecido a uno mismo y con los que puede compartir ciertas cosas.

 

Pues, imaginaros ahora todo lo que esto supone. Todo nuevo, lo que hasta ahora era, ya no es. Imaginaros el cerebro cómo puede llegar a vivir este cambio personal. Es una re-programación en toda regla. Cada persona se re-programa como puede, como ha aprendido, como le enseñan, como la cultura en la que vive, como la familia que le rodea, como las amistades que decida tener…

 

 

 

Y todo será un aprendizaje para poder continuar el camino de la realización personal.

 

Por lo tanto, a estas alturas del artículo, me atrevo a decir que ser adolescente es realmente algo mágico. Un cambio natural que te hace despertar. Que te hace ver un nuevo mundo que nunca habías conocido hasta ahora.

 

Desde mi punto de vista, veo totalmente normal ese egocentrismo que a veces hace sacar de sus casillas a los adultos coherentes. Lo veo dentro de lo normal, porque empiezan a pensar por sí mismos y necesitan reafirmarse en sus propias creencias para cultivarse una personalidad propia.

 

Es una etapa estupenda para el adulto respecto al adolescente para poder conocer sus intereses y poder guiarle de la mejor manera posible. 

 

 Es una etapa idónea para:

 

  • El diálogo.

  • Compartir cosas nuevas con ellos.

  • Llegar a acuerdos comunes y pactar.

  • Explicar necesidades personales.

  • Expresar sentimientos.

  • Expresar conflictos y posibles soluciones.

  • Comunicarse desde una perspectiva más adulta…

 

Los adolescentes siempre querrán más de lo que les deis a la hora de pedir hora para llegar a casa, a la hora de vaguear, a la hora de ir con sus amigos o jugar a la videoconsola. Es ahí el agotamiento parental que hace que se tenga que lidiar todo el rato, pero mamás - papás, igual que habéis hecho todos estos años hasta llegar aquí:

 

PACIENCIA: Capacidad de sufrir y tolerar desgracias y adversidades o cosas molestas u ofensivas, con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse. Calma o tranquilidad para esperar.

 

Ideas para que un adolescente entienda mejor a un adulto

 

A continuación, te dejo unas ideas para que los adolescentes puedan, de alguna manera, entender mejor las cosas que les dices (siempre por el bien de ellos): 

 

  • Cuando algo te moleste intenta hablar desde ti mismo.

 

Ejemplo: Llegas de trabajar, lo único que quieres es cenar y sentarte a descansar un poco. Cuando llegas, lo primero según llegar a casa es tropezarte con la mochila del colegio. Entras a la sala y te encuentras todo tipo de ropa tirada por el suelo. Se te ocurre entrar en la cocina y te encuentras leche derramada por la encimera, cereales por el suelo y la pica llena de vasos y platos.

 

Opción A: Entrar en cólera y gritar a tus criaturas frases de tipo:

 

  •  ¡Sois todos unos guarros!
  • ¡Soy yo la única persona que limpia y recoge la casa! 
  • ¡No tenéis vergüenza!¡A ver cuándo maduráis!

 

Opción B: Utilizar herramientas para controlar la ira y no hablar desde la rabia, para poder hablar desde uno mismo con frases tipo:

 

  • He tenido un día duro, me daría mucha calma si recogieseis la casa.
  • Hoy no puedo más, ¿os importaría ayudarme a hacer la cena, por favor?
  • He trabajado mucho y no me gustaría trabajar más hoy, ¿qué tal si recogemos lo que hay tirado y preparamos una buena cena? 

 

 

 

 

Utilizando la Opción B, a veces conseguiremos el resultado que queremos, otras veces no. Pero seguramente tus hijos e hijas estarán más motivados para ayudar en casa que con la Opción A, que les recrimina todo lo que no hacen y les etiqueta con "adjetivos des-calificativos".

 

Ten en cuenta que el orden y la limpieza pueden ser necesidades de adulto, que el adolescente en este momento no es algo a lo que le esté dando importancia. En esta etapa de pubertad y adolescencia su prioridad como persona no se centra en que la limpieza y el orden puedan contribuir a tener una vida más ordenada, sino en formarse una personalidad propia y descubrirse a sí mismos.

 

Acúerdate de que tú también has sido adolescente y que también tuviste que equivocarte para saber cuál era el mejor camino a seguir. 

 

Escrito por: Rakel Calzada - Apasionada de la Educación.

 

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