El acoso por internet o por redes sociales más conocido como ciberbullying es, desgraciadamente, un fenómeno cada vez más conocido. Según un estudio elaborado por Save the Children[1],  afecta a casi un 7% de los adolescentes. No obstante, a pesar de tener a disposición estos datos gracias a los organismos que los comunican, debemos ser conscientes de que los índices reales siempre están por encima de los estadísticos, ya que, como ocurre en este tipo de problemáticas sociales, en las que el miedo y la intimidación son protagonistas, las víctimas no siempre son capaces de denunciar la situación que están atravesando.

El ciberacoso es el acoso que se da a través de dispositivos digitales, como teléfonos móviles, ordenadores y tablets. Se puede dar mediante mensajes de texto o emails, así como por Internet en las redes sociales, foros o juegos donde las personas pueden ver, participar o publicar contenido. El ciberacoso incluye enviar, publicar o compartir contenido sobre otra persona, como información personal que supone la violación de la intimidad y el perjuicio personal. Algunos acosos por Internet se consideran ilegales, fundamentalmente cuando están relacionados con las amenazas y la publicación de contenido privado, como datos personales o imágenes sin autorización del propietario.

Cuándo aparece el ciberbullying

El ciberbullying se da fundamentalmente en la etapa adolescente, con asiduidad a partir de los 12 años y en mayor medida a los 14 años, cuando los menores empiezan a tener contactos frecuentes con las redes sociales e internet debido a distintas razones:

●           La escuela les exige el uso constante de navegadores para búsqueda de contenidos e información.

●           Las relaciones  se empiezan a gestionar de manera independiente a través de las redes sociales.

●           Numerosos servicios básicos se gestionan a través de internet.

●           Los dispositivos electrónicos forman parte de lo cotidiano a un nivel casi imprescindible.

●           Los mensajes de la sociedad nos orientan para que nuestro día a día a esté mediado por la comunidad virtual.

A esta realidad, debemos sumar factores de riesgo característicos de la adolescencia como son la inseguridad, la necesidad de aceptación y pertenencia, la inestabilidad del autoconcepto, la búsqueda de identidad o las alteraciones afectivas que son consecuencia de los cambios hormonales propios de la pubertad, entre otros.

Evitar el ciberacoso

Pero, cómo podemos evitar que se den estas situaciones en nuestro entorno más cercano y, sobre todo, cómo podemos detectar que alguien de nuestro alrededor, hijos o alumnos, está involucrado en alguna situación de ciberacoso. Para muchos padres resulta difícil supervisar el uso que hacen sus hijos de los dispositivos digitales y, mucho menos, llevar un control sobre su actividad en las redes sociales, pero no por ello se debe considerar imposible el manejo de esta cuestión, ya que lo más importante para evitar una mala experiencia en las redes es la educación en el consumo responsable. Aquí los padres tienen un papel fundamental porque es de ellos de quienes los hijos aprenden fundamentalmente. Si observan que los padres pasan mucho tiempo con sus dispositivos, se normalizará y será más difícil evitar esta situación y detectarla.

Cuando un adolescente sufre una experiencia de ciberacoso, su estado de ánimo cambia, le podemos percibir más tenso y malhumorado, con baja autoestima, sensación de pérdida de control, miedo y estrés mantenido, confusión y aislamiento social, ansiedad y depresión o la realización de conductas de riesgo.

Debemos ser conscientes de que para evitar que nuestros adolescentes sean víctima de esta realidad, tenemos que hacer un esfuerzo importante por mantener sólidos lazos afectivos con ellos, favoreciendo la comunicación sin juicios, la escucha y la tutela activa, así como promoviendo alternativas de ocio saludable. En ocasiones, los niños y adolescentes acuden a internet como vía de escape, ya que es un excelente recurso para la evasión. Por ello, debemos cuidar los aspectos relacionales y la atención que les brindamos. Un adolescente motivado por el deporte, la música o el estudio tiene menos probabilidades de sufrir ciberbullying, ya que acudirá en menor medida a las redes sociales como vía de escape al aburrimiento o la frustración.

La educación debe ser una tarea activa

Por tanto, hacerse cargo de la educación tiene que ser una tarea muy activa. Promover valores es una responsabilidad que los padres pueden transmitir a través de los servicios y bienes que consumen. Debemos practicar la comunicación asertiva y decir que no a los mandatos de la sociedad de consumo, pero no hacerlo de manera vacía. Los hijos necesitan alternativas a la realidad predominante. Si no queremos que se dejen llevar por ella, seamos consecuentes e invirtamos en educación, ocio saludable y cultura. Ningún adolescente necesita un dispositivo de alta gama, pero sí aprender a tocar un instrumento o practicar un deporte de forma constante y disciplinada. Estas habilidades le ayudaran en el fortalecimiento de su autoestima y en la consolidación de su identidad.

[1] Informe. Acoso Escolar y Ciberacoso: propuestas para la acción. Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales e Igualdad.  2013