A todos nos gusta sentirnos escuchados, pero, sin embargo, no siempre nos resulta fácil y posible estar al otro lado, es decir, escuchar al que tenemos enfrente. ¿Qué ocurre realmente cuando aparece esa dificultad? Normalmente presentamos una actitud de escucha, mientras nuestra mente está en otro lugar incompatible con lo primero, dedicándose a juzgar, rechazar, adelantar o dar soluciones ante la información que nos están presentando. Eso no es escuchar.

En realidad es más de lo mismo del principio: escúchame tú a mí porque estás confundido, no es verdad lo que dices, ya sé lo que viene, y sé lo que debes hacer,… pero, sobre todo, ¡escúchame! ¡Yo tengo la razón!

Cuando eso ocurre, quedan lagunas entre las personas, impidiendo manejar de manera adecuada la información que hay en juego, y perjudicando a ambas partes y aislándolas entre sí.

Practicar la escucha activa supone permitir y respetar el espacio de la persona que nos tiene algo que contar, respetando su ritmo, su forma de contarlo e intentando conectar con la persona que tenemos enfrente y la manera en la que se siente respecto a lo que cuenta. Sin intervenir, sin pretender buscar soluciones o quitar importancia a lo que trae. Solo hay que acompañar con tranquilidad, atendiendo a la persona y no al contenido.

Supone una serie de cuidados que demuestran la actitud adecuada, como la postura, mirada, gesto facial, espacio, silencios, contacto,…Transmitiendo un profundo respeto a lo que ocurre, sin necesidad de intervenir. Solo estar.

Los enemigos de este tipo de escucha son la intranquilidad, las prisas y la costumbre de estar en acción en lugar de la presencia, pero cuando se decide llevar a cabo se producen profundos cambios en ambos, ya que fomenta un vínculo basado en el auténtico respeto. La escucha activa se llama precisamente así porque requiere un esfuerzo consciente por tu parte, que permita que tu interlocutor se sienta comprendido y libre para expresarse. También tienes que centrar tu atención no sólo en lo que dice, sino en lo que siente, favoreciendo que pueda contactar con sus sentimientos.

María Bustamante, psicóloga especialista en psicología infantil y terapia familiar de Instituto Centta.