La empatía es la capacidad de percibir, compartir y comprender lo que otra persona pueda sentir. Cuando hablamos de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional o afectiva del individuo en la cual éste es capaz de ponerse en la situación emocional del otro, sin tener que identificarnos o estar de acuerdo con él.

Su adquisición y desarrollo depende en gran medida del desarrollo de la conciencia del yo y de los vínculos afectivos que han ido pasando por la vida. Aunque puede desarrollarse y entrenarse con al aprendizaje adecuado.

Empatizar es una gran herramienta que favorece una vida y relaciones más saludables, con unos beneficios entre los que podemos destarcar:

  • Es un recurso fundamental para la resolución de conflictos.
  • Nos ayuda a recoger más y mejor información, a identificar las emociones del otro y a comprender puntos de vista diferentes al nuestro.
  • Ayuda a gestionar emociones, regulando las desagradables y afianzando las agradables.
  • Nos sirve para generar vínculos más sólidos con los demás y para mantener relaciones más profundas y duraderas. La neurociencia y la psicología moderna la consideran como un pegamento social que mantiene unidas a las personas y que, a su vez, genera un compromiso real y fuerte entre nosotros.
  • La empatía sana, útil y constructiva parte de la persona que es capaz de gestionar sus propias emociones, que dispone de una autoestima fuerte, que sabe poner límites y que, a su vez, es hábil a la hora de acompañar emocional y cognitivamente a los demás, siendo todo ello, la base de la inteligencia emocional.
  • Enriquece la experiencia vital, pues nos conecta a unos con otros, permitiendo conocer y sentir lo que otra persona siente, así como ser entendido y sentido por otras.
  • Las personas que se caracterizan por una auténtica empatía creen en el compromiso social.
  • La persona hábil en empatía, por tanto, es aquella capaz de ponerse en los zapatos ajenos, sin caer en juicios y sabiendo en todo momento cómo acompañar en ese proceso, sin dañar y sin actuar como un espejo donde se amplifique el dolor.

La empatía es desarrollada gracias al intercambio, a su vez empático, que otros han tenido con nosotros. Por lo tanto, es una capacidad que se va adquiriendo gracias a las relaciones sanas, en las que somos sentidos en la mente de otras personas.

La capacidad empática existe en todas las personas en un mayor o menor grado, pero lo positivo es que esta habilidad puede ser desarrollada o mejorada si lo deseamos.

La atención, el apoyo incondicional y el refuerzo que los padres ofrezcan es la mejor manera de comenzar a cultivar este “don” en sus hijos. La satisfacción que genera atender empáticamente las necesidades del niño permite que el funcionamiento de su sistema nervioso esté calmado y pueda pasar a aprender de su entorno y salir del modo supervivencia, que supone tener la tranquilidad de estar a salvo y atendido. Sentirse acompañado.

Cuando desde nuestro nacimiento somos sentidos por aquellos que nos cuidan y atienden a nuestras necesidades, que pueden detectar gracias a su capacidad de empatizar, nos ayuda a desarrollar la sensación de ser sentidos en el otro y de ser atendidos, fomentando el valor que tengo frente al otro, existo en los demás y eso supone valer y ser importante.

Podemos entrenar la capacidad para empatizar cuando:

  • Atendemos a todo lo que nos llega del lenguaje no verbal de la persona con la que nos relacionamos.
  • Escuchamos activamente, evitando hacer juicios.
  • Transmitimos a la persona lo que nos ha llegado sobre lo que ésta siente, sin evaluar y buscar soluciones.

María Bustamante, psicóloga especialista en psicología infantil y terapia familiar de Instituto Centta.